NVidiero escribió:At, las razones no serán del todo buenas, pero razón no me falta...
No, si yo no digo que no te falte razón, pero que por eso digas que no han llegado a la Luna, no sé, me parece algo chocante.
Lon-ami escribió:Sí que puedo. OVNI significa Objeto Volador No Identificado. Si ahora mismo cojo una bola de papel, la tiro por delante de la ventana y ni tu ni nadie sabe identificar qué ha sido, eso es un OVNI.
Bueno, tú eres vasco. Si lanzas una bola de papel SEGURO que la conviertes en un OVNI y hasta la pones en órbita.
Os voy a poner un razonamiento del blog
Tecnología Obsoleta que creo que está cargado de razón:
"Bien, para todas esas personas “incrédulas”, he aquí mi argumento político, ya que los fundamentos técnicos les resbalan. Desde antes de terminada la
Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética ya había iniciado lo que se conoció como
Guerra Fría. Cuando algunos aviones estadounidenses intentaron enviar ayuda a algunas poblaciones polacas en el cuarenta y cinco, antes de la caída de Berlín, las tropas de Stalin dispararon contra ellos. Ya se sabía de antes, pero fue a partir de ahí cuando los más despiertos se dieron cuenta que caminábamos hacia un grave conflicto de bloques. Así pues, pasaron los años y la rivalidad creció hasta llevarnos al extremo de estar a punto de iniciar una guerra nuclear. No sé si alguien se acuerda, pues la memoria es frágil, pero los informativos de los años ochenta siempre estaban plagados de misiles intercontinentales a diario y de firmas de tratados bla bla…
Los soviéticos eran los más interesados en que los estadounidenses no llegaran a la Luna, para ellos, que habían fracasado estrepitosamente en el desarrollo de su
lanzador N1, hubiera sido un alivio que el Apolo XI se hubiera estrellado o que, simplemente, no hubiera despegado, que se tratara de un montaje. La Unión Soviética, como es sabido, tenía espías en el entramado industrial espacial de los Estados Unidos, como también éstos los tenían al otro lado. Unos controlaban a los otros, en realidad,
era imposible el montaje. Los soviéticos monitorizaron las señales de radio del vehículo lunar con sus famosos barcos de comunicaciones y… ¡Vaya!
Aceptaron la derrota sin una sola queja, para ellos no había duda, la bota de Armstrong dejó su huella en nuestro satélite en el sesenta y nueve, no tenían ni una sóla sospecha a la que agarrarse, buscaron, pero no encontraron. Aunque suene trágico, para muchos dirigentes soviéticos, hubiera sido motivo de alegría que Nixon hubiera tenido que leer la necrológica que tenía preparada de antemano por los tres astronautas del Apolo XI.
Si los rusos se lo “creyeron”, no fue por su “fe” en la tecnología estadounidense, sino porque tuvieron pruebas desde el primer momento."